Discoteca un viernes por la noche. Entramos y el panorama es tal que así: el DJ pinchando tecno duro, solo, y un espacio enorme y desolador yermo entre él y todos los japoneses sentados en mesas y alrededor de la barra del bar. Ni que decir tiene que cuando el DJ nos vio llegar ni se lo creía. Pensábamos que el efecto contagio iba ir atrayendo a la gente, pero simplemente se nos pusieron dos jamonas delante que trabajaban en el bar y un japonés que bailaba estilo ye-ye balanceando los brazos que no sabíamos de que mundo sideral provenía.
Por contra, cena institucional: media de edad 40 y tantos, 50. Llegamos un colega y yo un cuarto de hora tarde para cenar y todos los tíos estaban ya pedos. Hacemos un pequeño discurso y todos mirando para otro lado, hablando etc.. Nos sentamos al lado de un hombre importante, un arquitecto de prestigio. Al poco rato, mientras estamos todavía con el primer plato, dice en voz alta "Me encanta el culo de la profesora X" que estaba sentada al lado mía y se había levantado del asiento (aunque seguía al lado mía!) Y va el tío y encuadra el culo con las manos como señalando sus dimensiones por si no lo había pillado y exclama"Enorme!" . La profesora por su puesto se hacía la tonta, como si no hubiera escuchado nada. Pero la película de Fellini no acaba ahí.
Después nos queríamos volver a casa pero si un pez gordo te invita en Japón no puedes decir que no, al menos la profesora nos miraba y nos hacía señas "Ni se os ocurra decir que no "Sin embargo ella escurrió el bulto"Sensei es que tengo una reunión ahora me voy eh?" extraña reunión a las 22:00 horas. El caso es que para nuestra sorpresa va y nos llevan a un Cabaret Club lleno de chicas filipinas, y nada más entrar un viejuno me dice vente! vente! me obliga a sentarme al lado suya y me pone la mano encima la filipina por si acaso no entendía. Ejeeem, como vieron que no iba conmigo la cosa me pasé comiendo 3 tazones de yakisoba, como un autista contemplando mis fideos mientras por un rabillo del ojo no me podía creer viendo a los abuelos jugar con las filipinas.No podía creer lo que estaba viendo! El abuelo hacía Uuuuuh! y estiraba las manos en plan película de la Hammer y la chica gritaba y el hombre se echaba a reir (encontraba un placer enorme en ello que me impresionaba, igual que los niños de 3 años con juegos sencillísimos y vuelta a empezar, no se cansaba; mientras tanto mi colega cantaba en el karaoke una canción con una voz tan nasal que parecía coña.
