Los carros de combate de jardinería con sus cepillos y mangueras establecen un cerco alrededor de los poetas.
Se podía presentir un conflicto largamente larvado, por fin ha eclosionado y ahora asistimos a su resolución. Poco pueden hacer estos enclenques y enfermizos poetas contra ésta armada invencible provista de máquinas fumigadoras y motosierras.
¡Parece que Claudio Rodríguez sale de entre sus filas con su libro Don de la ebriedad! Ciertamente se tambalea como si hubiera bebido. Creo que inicia lo que parece la lectura de un poema sobre la claridad del cielo y la siembra, tratando de dar trascendencia a las palabras. Pero la fuerza de las palabras no le va a bastar al vate contra este cepillo triturador blandido por los empleados de jardinería municipal. ¡Mira cómo lo destrozan! ¡Qué carnicería! El zamorano ganador en su día del premio Adonais en el
Ahora el rasgón en el tejido espacio-tiempo podrá suturarse y nuestras familias descansar tranquilas de la amenaza de estos poetas obscenos que hacen de la naturaleza algo lujurioso, que no nos dejan pasear tranquilos con nuestros hijos.
