Aún recuerdo que al término de la investidura de Zapatero, el actual Ministro del Interior, Alfredo Rubalcaba, cerró la sesión con un discurso muy a lo “El ala oeste de la Casa Blanca”, casi como una especie de Josh Lyman ibérico que recalcaba que ellos, al contrario que el gobierno de González, nunca perderían de vista el sentir de la gente. La verdad es que no sé muy bien dónde han ido las promesas a parar ya que la política española, lo mires por donde lo mires, sigue reduciéndose a la habitual fórmula de eslóganes para deficientes mentales. Frases de medio minuto, diseñadas para la supuesta limitada entendedera del pueblo apañol y el ritmo vertiginosamente irrelevante de los telediarios. Sin embargo resulta irónico que aquellos políticos cuya capacidad expresiva se diferencia en el pelo de una rata de la retórica de vendedor de crecepelo, que son capaces de sonrojar a cualquiera con enormidades como la de Pajín sobre el acontecimiento histórico que tendrá lugar en este planeta, tomen por retrasados a la mayor parte de los ciudadanos apoyándose en consultores y sociólogos que parten del presupuesto de la minoría de edad mental del electorado cuando ellos mismos son los principales responsables de la jibarización del debate público. La situación viene a ser muy semejante a la película de Von Trier, Los Idiotas, en la que una patulea de neopijos aburridos inventa una modalidad de activismo lúdico que consiste en hacerse pasar por subnormal causando el caos y la perplejidad entre los círculos pequeñoburgueses. La cuestión es que los políticos españoles –y diría también que los europeos- han acabado, como los personajes del filme de Von Trier, fundiéndose con sus alteregos subnormales quedando así atrapados irremediablemente en el maravilloso mundo de la deficiencia mental que supuestamente les servía para entenderse con las masas.
PS: ZP no ha revitalizado las instituciones como prometió, ha seguido, como Aznar hizo previamente, arrastrándolas por el cenagal, llamando diálogo al cambalache de fichas a puerta cerrada, escondiéndose una y otra vez para huir de unas hostias que lamentablemente hemos visto caer sobre otros para resucitar después como un Chimo Bayo del socialismo de extrarradio ante las turbas de subseres que acuden a los mítines a dar rienda suelta a la bestia parda que llevamos dentro.Eh, ¿pero eso no nos va impedir compararlo con Obama no?
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8 jun 2009 | 11:37 PM
Lo has clavao machote. Esto lo voy a colgar por ahí en algún lado.
Me resulta incompresible (y descorazonador) la enanez mental de público y politicos. Los discursos, efectivamente, son para retrasados mentales y visto lo visto... funcionan!
El bipartidismo, tal y como está, es un callejón sin salida. Pero a la gente le es mas comodo pensar en terminos de derecha-izquierda que molestarse en leer programas y propuestas.
Agur Ben-Hur :)
9 jun 2009 | 10:56 AM
No recuerdo la ultima vez que escuché a un político tomarse la molestia de explicar un asunto a fondo, por difíficil que fuera, tomando al ciudadano por una persona dotada del don de la reflexión. O de dedicar unas palabras a ponerse en el lugar de los otros. Lo que hacen es escurrir el bulto, poner otra cosa encima de la mesa, soltar uno de esos esloganes al modo de los personajes que tienen siempre una frase que los caracteriza: "Yo no he sido", "Pozí", "Estupendillo" etc... En definitiva, asumen que la política es un campo para especialistas que no puede llegar a entender el ciudadano y lo que hacen es tratarnos como débiles mentales. Pero es que el corazón de la política es precisamente religar lo público así que hay que plantearse qué otra palabra podemos utilizar para lo que hacen estas personas absurdas que están en los partidos políticos.
No creo que los ciudadanos sean imbéciles. Bueno, algunos sí, pero en general no es cierto que la culpa de este enanismo del debate público sea de la gente. Los principales responsables son los especialistas, los políticos profesionales, las facultades de ciencias políticas, de sociología, de marketing, los think-tanks y el nefasto concepto de la real-politik que nos han conducido a la subnormalización de la política. La ciencia o más bien el cientifismo de pacotilla rampante en toda Europa. Y es que la real-politik es la pescadilla que se muerde la cola, aplica estrategias con el supuesto pragmático de que la masa en general es imbécil y de tirar palante en el día a día, de tomar la salida más fácil marginando la palabra como una materia sobrante de la política. He ahí un callejón sin salida falso. Es la profecía que se autocumple. Y sino comparémolo con los discursos de Obama. No hay color.
Todo esto funciona a corto plazo pero a un coste demasiado alto. Primero porque debemos sufrir las nefastas consecuencias de una política chapucera cada vez más ajena a nuestras preocupaciones y aspiraciones y por otro porque de este modo las instituciones van deslegitimándose cada vez más abocándonos a una situación peligrosa.
Muchas gracias por la visita Sr Gato.