Aún recuerdo que al término de la investidura de Zapatero, el actual Ministro del Interior, Alfredo Rubalcaba, cerró la sesión con un discurso muy a lo “El ala oeste de la Casa Blanca”, casi como una especie de Josh Lyman ibérico que recalcaba que ellos, al contrario que el gobierno de González, nunca perderían de vista el sentir de la gente. La verdad es que no sé muy bien dónde han ido las promesas a parar ya que la política española, lo mires por donde lo mires, sigue reduciéndose a la habitual fórmula de eslóganes para deficientes mentales. Frases de medio minuto, diseñadas para la supuesta limitada entendedera del pueblo apañol y el ritmo vertiginosamente irrelevante de los telediarios. Sin embargo resulta irónico que aquellos políticos cuya capacidad expresiva  se diferencia en el pelo de una rata de la retórica de vendedor de crecepelo, que son capaces de sonrojar a cualquiera con enormidades como la de Pajín sobre el acontecimiento histórico que tendrá lugar en este planeta, tomen por retrasados a la mayor parte de los ciudadanos apoyándose en consultores y sociólogos que parten del presupuesto de la minoría de edad mental del electorado cuando ellos mismos son los principales responsables de la jibarización del debate público. La situación viene a ser muy semejante a la película de Von Trier, Los Idiotas, en la que una patulea de neopijos aburridos inventa una modalidad de activismo lúdico que consiste en hacerse pasar por subnormal causando el caos y la perplejidad entre los círculos pequeñoburgueses. La cuestión es que  los políticos españoles –y diría también que los europeos- han acabado, como los personajes del filme de Von Trier, fundiéndose con sus alteregos subnormales quedando así atrapados irremediablemente en el maravilloso mundo de la deficiencia mental que supuestamente les servía para entenderse con las masas.

PS: ZP no ha revitalizado las instituciones como prometió, ha seguido, como Aznar hizo previamente, arrastrándolas por el cenagal, llamando diálogo al cambalache de fichas a puerta cerrada, escondiéndose una y otra vez para huir de unas hostias que lamentablemente hemos visto caer sobre otros para resucitar después como un Chimo Bayo del socialismo de extrarradio ante las turbas de subseres que acuden  a los mítines a dar rienda suelta a la bestia parda que llevamos dentro.Eh, ¿pero eso no nos va impedir compararlo con Obama no?